Como si no hubiera un mañana

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Como si no hubiera un mañana

la basura se deja campar a sus anchas

cerca de la biblioteca

donce cultivan sus almas (se supone)

(o preparan oposiciones).

 

¿Son cuerpos desalmados?

¿Por dejar libre la basura

en vez de empapelerarla?

 

Como si no hubiera un mañana

la suerte de vivir en este mundo rico

se compensa con basura diversa, solitaria y colorida.

Señales de la emergencia del despilfarro (abundancia subyacente),

de la emergencia del desamor.

 

Cada basura abandonada

equivale a un abrazo no recibido

un beso negado

una mano no ofrecida

un grito, una amenaza, un cabreo

un no estoy para tí, te jodes

un búscate la vida y ya veremos

 

José Luis Gracia Calvo

Alcalá de Guadaira (Sevilla) / 12ene18

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El debate de las emociones

Razones, razones, razones y ruido, ruido, ruido. ¿Para cuándo el debate de las emociones?

¿Se imaginan a Rajoy y a Puigdemont hablando, en un ambiente adecuado, protegido, donde pudieran expresarse libre y auténticamente, al margen de presiones externas, juicios de valor, ataques, reproches…? Un ambiente donde pudieran entrar en las emociones que están viviendo con todo este asunto de la “crisis catalana”. Donde pudieran y desearan plenamente expresar sus miedos, sus emociones, su llanto, su rabia, su dolor, su poder, sus convicciones profundas –confesables o no-… y hubiera un par de profesionales “facilitando” dicho intercambio, dicho encuentro…

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EFE (ABC, 10 mayo 2017)

Lo que Rajoy y Puigdemont podrían expresar seguramente no sería muy diferente de lo que expresarían cualesquiera dos personas que mantuvieran posiciones enfrentadas respecto al asunto de la crisis catalana.

Y simplemente creando un escenario así, donde poder sacar las emociones en libertad, aliviaría la tensión de los protagonistas del encuentro, y por ende (porque todo es fractal), la tensión a la que están actualmente sometidas la sociedad catalana y la sociedad española en su conjunto.

Esto es lo que pido, gestión emocional desde la facilitación de grupos y resolución de conflictos. ¡Ahí es nada!

La semilla.

Sí, motivado por lo que se ha dado en llamar la “crisis catalana” (que es catalana y fractal, o sea, no sólo catalana), es por lo que se me vino la semilla de estos párrafos.

Porque en el frenesí de las semanas (y meses) que estamos viviendo en España en relación con tal asunto, a veces creo que nos situamos tan dentro de la niebla que se nos olvida que en algún punto, en alguna zona, aquella termina y brilla la luz (o sea, que es fácil orientarse).

Quizá es hacia arriba, como si la cúpula de un faro sobresaliera de la niebla y guiara las rutas de navegantes un tanto más avispados (y si no más avispados al menos seguro que mucho más “zen” y mejor dotados de “seny”) que aquellos que prefieren seguir en la bruma, pegando voces (o escuchándolas con suma -¿sumisa?- atención) para confundirnos a todas y llevarnos al terreno infértil de sus pensamientos únicos (como tantos creadores de opinión que nos intentan convencer que la vida es guerra, lucha, opresión, blanco y negro, buenos y malos… ¡Mira! Como un tablero de ajedrez pero sin poesía, sin arte, sin espíritu, sin naturaleza humana y sin ética).

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El País (10 julio 2010)

Semanas y meses que me tienen interesado en seguir el curso de los acontecimientos, informándome y pensando sobre lo que está pasando, o más bien, las cosas que están pasando (en plural), todos los procesos humanos que hay en marcha en torno a esta crisis: los de tipo político, los económicos, los sociales, los emocionales, los psicológicos, etc.

Escuchando, leyendo, viendo… datos, razones, argumentos, posiciones radicalizadas, discursos de la razón, fotografías descontextualizadas, supremacías, victimismos, manipulación de la democracia, manipulación de la comunicación… Lo resumiré en 2 erres que se repiten “erre que erre”: razones, razones, razones y ruido, ruido, ruido.

Y no escucho (ni leo, ni veo) nada serio sobre las emociones. ¿Dónde está el debate de las emociones? ¿Para cuándo el debate de las emociones? Apenas vagas menciones a las emociones que suscita esta crisis: a veces utilizando dichas emociones para tergiversar o apoyar mensajes de masas; a veces para recordar de puntillas que el conflicto que se vive tiene su parte emocional que afecta a las personas (a todas, piensen lo que piensen y se sitúen donde se sitúen en el conflicto).

Y es en esto último donde a mí me gustaría incidir. La crisis catalana es lo que en facilitación de grupos se conoce como un “proceso de grupo” de gran escala, es decir, un conflicto vivido por un grupo que sería tan grande como la población española en su conjunto, por cuanto es un tema que afecta a todo el país.

Es más, seguramente es un proceso de grupo de mayor escala aún, por cuanto  ha salpicado (inevitablemente) al resto de la Unión Europea y a otros países que, en mayor o menor medida, están opinando y apareciendo en el proceso.

Razones.

Este proceso de grupo (conflicto grupal) está siendo abordado en el espacio público de forma explícita por los gobiernos, los partidos políticos, la justicia, los medios de comunicación de masas, la sociedad civil organizada… básicamente desde un enfoque racional.

Ruido.

Y claro que está siendo abordado implícita y subrepticiamente por todos esos agentes también desde un enfoque emocional, orientado a manipular la opinión y los estados de ánimo para llevar a su terreno cada cual al mayor porcentaje de la ciudadanía (de la opinión pública).

Y esto no podemos tolerarlo, debemos darnos cuenta de la manipulación emocional a la que se nos intenta someter, desvelarla y anular sus efectos.

Es más, mejor harían los gobiernos español y catalán, principales protagonistas de la historia (por activa o por pasiva, queriendo o sin querer -es el rol que les ha tocado vivir en este proceso-) en crear espacios de gestión emocional a manos de profesionales que ayudaran a comprender las distintas emociones, sensibilidades, posiciones, sentires… que viven en las personas que formamos la sociedad catalana y la sociedad española. Y en todos los tipos de organización de los que formamos parte: empresas, asociaciones, partidos políticos, funcionariado, fuerzas de seguridad, vecindades…

Un “debate sobre las emociones” (que no sería tal debate, me doy la licencia creativa de llamarlo así focalizando en la contradicción entre el debate racional y la gestión emocional) que permitiera auto-reconocernos y reconocer a las otras personas/partes en conflicto.

Un trabajo emocional que aliviaría la tensión a la que hemos sido sometidas y a la que sin duda nos van a seguir sometiendo durante meses.

Recurrir a herramientas de gestión emocional de la “facilitación de grupos y resolución de conflictos”, podría ayudarnos con gran seguridad a encontrar vías de solución al conflicto que pueden ser más duraderas, democráticas y respetuosas con la diversidad de intereses y posicionamientos -de toda la sociedad española- que aquellas que se están poniendo en marcha recurriendo a la ley, al poder ejecutivo y a la manipulación de masas.

En todo caso y con toda certeza la gestión emocional ayudaría a que las soluciones democráticas del poder judicial y del poder ejecutivo (desde el gobierno central y el autonómico) se aplicaran con más “seny”, juicio y sensatez, oportunidad y acierto, generosidad, viabilidad y sostenibilidad.

Y claro, una gestión emocional en distintas escalas en este proceso aclararía la bruma, desharía los entuertos de la manipulación de masas (por todos los bandos) y desarmaría las posiciones radicales políticas, sociales y culturales, creando un clima de mejor convivencia, mayor calidad democrática y felicidad general.

Y no es difícil, sabemos hacerlo, hay profesionales y herramientas para ello. Me imagino la aplicación de un gran “foro orientado a procesos” donde emergen todas las emociones, miedos, deseos, injusticias, quebrantos… y también toda la empatía, la escucha activa, el acercamiento de (inicialmente) opuestos… Y la magia del darnos cuenta de que a pesar de las distintas posiciones ideológicas, somos la misma cosa, sentimos las mismas cosas y queremos las mismas cosas (seguridad, bienestar, felicidad, calidad de vida…) en uno y otro bando.

Cuando descubrimos esta conexión, cuando nos identificamos con el opuesto, cuando comprendemos o percibimos su dolor, su miedo… que yo también experimento… se relaja la tensión entre nosotros, somos capaces de mirarnos a los ojos y ver más allá del rol que desempeñamos o que a priori nos atribuyen.

Mucha gestión emocional, en distintas escalas, en distintos formatos, en distintos momentos y lugares… para ayudar a que otras medidas tengan más y mejor efecto: diálogo y democracia.

 

El poder político de las redes

En este caso me hago eco de un artículo de Javier Salas (Madrid) en El País, publicado el pasado jueves 26 de octubre de 2017.

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Que la época del “gran hermano” (1984, George Orwell) es ésta, nuestra época, hace tiempo que no genera sorpresa ni dudas (la duda es si aún queda alguien por leer la novela).

Lo que sí todavía me conmueve (y lo que me queda por ver, conforme voy investigando redes sociales con distintos usos -sociales, educativos, comerciales, políticos…-) es lo que aún no sé que son capaces de conseguir las redes sociales (y las cabezas que las sueñan, piensan, diseñan y manejan) para contrarrestar la democracia y la libertad.

El poder de las redes sociales para crear opinión, tendencias de comportamiento y acción es brutal. Conocerlas bien nos ayudará a usarlas con fines de sostenibilidad local y global (integrando el equilibrio económico, social, ecológico y espiritual).

Disfrutad de la lectura, si podéis…

(Este artículo no es juguete. No lo deje al alcance los niños. Puede provocar pesadillas y lucidez alternantes, dependiendo sobre todo de su propio carácter y resiliencia. En caso de dudas: bienvenido/a y gracias. Consulte siempre con su intuición y su cerebro la aplicación del contenido de este artículo.).

La oscura utilización de Facebook y Twitter como armas de manipulación política

Todo cambió para siempre el 2 de noviembre de 2010, sin que nadie lo notara. Facebook introdujo un simple mensaje que saltaba en el muro de sus usuarios, una ventanita que anunciaba las amistades que ya habían votado. Eran las elecciones legislativas estadounidenses y 60 millones de votantes vieron ese señuelo de Facebook. Cruzando datos de sus usuarios con el registro de votantes, la red calculó que fueron a votar 340.000 personas que se hubieran quedado en casa si no hubieran visto en su muro que sus amigos ya habían pasado por las urnas.

 

“Citar lo más estúpido que cualquier político diga es una manera de explotar los instintos más bajos de la gente. Eso está enturbiando el mundo entero”, denunció el fundador de Twitter

Dos años después, cuando se jugaba la reelección Barack Obama, los científicos de Facebook publicaron los resultados de este experimento político en la revista Nature. Era la forma de mostrar músculo ante los potenciales anunciantes, el único modelo de negocio de la compañía de Mark Zuckerberg, que le reporta más de 9.000 millones de dólares por trimestre. Es fácil suponer lo mucho que habrán crecido los bíceps de Facebook desde que sacó a la calle a cientos de miles de votantes en hace siete años, cuando ni siquiera había historias patrocinadas.

Hace pocas semanas, el cofundador de Twitter Ev Williams se disculpaba por el papel determinante que había desempeñado esa plataforma en la elección de Donald Trump, al ayudar a crear un “ecosistema de medios que se apoya y prospera en la atención“. “Y eso es lo que nos hace más tontos”, aseguró, “y Donald Trump es un síntoma de eso”. “Citando los tuits de Trump, o citando lo último y más estúpido que cualquier candidato político o cualquier otra persona diga, es una manera efectiva de explotar los instintos más bajos de la gente. Y eso está enturbiando el mundo entero”, denunció Williams.

Cuando le preguntaron a Zuckerberg si Facebook había sido determinante en la elección de Trump, rechazó la idea como una “locura” y algo “extremadamente improbable”. Sin embargo, la propia red social que dirige se jacta de ser una herramienta política decisiva en sus “casos de éxito” publicitarios, atribuyéndose un papel esencial en victorias de legisladores estadounidenses o en la mayoría absoluta de los conservadores británicos de 2015.

Salir de la burbuja

Se ha discutido mucho sobre su verdadero impacto desde que el activista Eli Pariser comenzara a advertir sobre el riesgo de las burbujas de opinión que estaban generando las redes. “Ese filtro, que termina reforzando nuestros propios argumentos, está siendo decisivo”, advierte Gemma Galdon. Recientemente, la directora operativa de Facebook, Sheryl Sandberg, aseguró que la burbuja es menor en su plataforma que en los medios tradicionales (aunque negó tajantemente que su compañía pueda considerarse un medio). El 23% de los amigos de un usuario de Facebook tienen visiones políticas distintas de la suya, según Sandberg.

“Sabemos que las dinámicas de Facebook favorecen el refuerzo de opiniones, que todo se exacerba porque buscamos la aprobación del grupo, porque podemos silenciar a la gente que no nos gusta, porque la herramienta nos da más de lo que nos gusta. Y eso genera mayor polaridad”, asegura Esteban Moro. Como muestra, un botón: un estudio reciente de Pew mostraba que los políticos más extremistas tienen muchos más seguidores en Facebook que los moderados. “Vivimos en regiones de las redes sociales completamente cerradas, de las que es muy difícil salir”, asegura. Y propone probar el experimento de sus compañeros del Media Lab del MIT que han desarrollado una herramienta, FlipFeed, que permite meterte en la burbuja de otro usuario de Twitter, viendo su timeline: “Es como si te cogieran en helicóptero y te soltaran en Texas siendo un votante de Trump. Así te das cuenta de hasta qué punto vivimos en un ecosistema de gente que piensa igual que nosotros”.

 

Lo cierto es que es el propio equipo de Trump quien reconoce que cabalgaron hacia la Casa Blanca a lomos de las redes sociales, aprovechando su masiva capacidad para alcanzar usuarios tremendamente específicos con mensajes casi personalizados. Como reveló una responsable del equipo digital de Trump en la BBC, Facebook, Twitter, YouTube y Google tenían trabajadores con despacho propio en el cuartel general republicano: “Nos estaban ayudando a utilizar la plataforma de la manera más eficaz posible. Cuando estás inyectando millones y millones de dólares a estas plataformas sociales [entre 70 y 85 millones en Facebook], recibes tratamiento preferencial, con representantes que se aseguran de satisfacer todas nuestras necesidades”.

Y en eso aparecieron los rusos

La revelación de que Facebook permitió que se compraran, desde cuentas falsas ligadas a Moscú, 100.000 dólares en anuncios proTrump puso sobre la mesa el reverso tenebroso de la plataforma de Zuckerberg. Acosado por la opinión pública y el Congreso de EE UU, reconoció que estos anuncios habían alcanzado a 10 millones de usuarios. Sin embargo, un especialista de la Universidad de Columbia, Jonathan Albright, calculó que la cifra real debió ser de al menos el doble, al margen de que gran parte de su difusión habría sido orgánica, es decir, viralizando de forma natural y no solo por patrocinio. ¿La respuesta de Facebook? Borrar todo rastro. Y cortar el grifo para futuras investigaciones. “Nunca más podrá, él o cualquier otro investigador, realizar el tipo de análisis que hizo unos días antes”, publicó The Washington Post hace una semana. “Son datos de interés público”, se quejó Albright al descubrir que Facebook había tapado la penúltima rendija por la que se podían asomar los investigadores a la realidad de lo que sucede dentro de la poderosa compañía.

Esteban Moro, que también se dedica a buscar rendijas entre los opacos muros de la red social, critica la decisión de la compañía, en lugar de apostar por transparencia para demostrar propósito de enmienda. “Por eso intentamos forzar a que Facebook nos permita ver qué parte del sistema influye en los resultados problemáticos”, asegura este investigador, que actualmente trabaja en el Media Lab del MIT. “No sabemos hasta qué punto está diseñado para reforzar ese tipo de comportamientos”, señala en referencia a la difusión de desinformación políticamente interesada.

“Sus algoritmos están optimizados para favorecer la difusión de publicidad. Corregirlo para evitar la propagación de desinformación va en contra del negocio”, explica Moro

Facebook ha anunciado que contará con casi 9.000 empleados para editar contenidos, lo que muchos consideran un parche en un problema que es estructural. “Sus algoritmos están optimizados para favorecer la difusión de publicidad. Corregirlo para evitar la propagación de desinformación va en contra del negocio”, explica Moro. La publicidad, la fuente de ingresos de Facebook y Google, demanda que pasemos más tiempo conectados, interaccionando y clicando. Y para lograrlo estas plataformas desarrollan potentísimos algoritmos que han creado un campo de batalla perfecto para las mentiras políticas, en el que han proliferado medios que se hacen de oro viralizando falsedades y medias verdades polarizadas.

“Es imprescindible que haya un proceso de supervisión de estos algoritmos para mitigar su impacto. Y necesitamos más investigación para conocer su influencia”, reclama Gemma Galdon, especialista en el impacto social de la tecnología y directora de Eticas. Galdon señala que han coincidido muchos fenómenos en el tiempo, como el efecto burbuja de las redes (al aislarte de opiniones distintas), el malestar social generalizado, la escala brutal en la que actúan estas plataformas, la opacidad de los algoritmos y la desaparición de la confianza en los medios, que al juntarse han generado “un desastre bastante importante”. Moro coincide en que “muchas de estas cosas que están pasando en la sociedad tienen que ver con lo que sucede en estas redes” y apunta un dato: “Es el único sitio en el que se informa el 40% de los estadounidenses, que pasan allí tres horas al día”.

La propaganda informática es “una de las herramientas más poderosas contra la democracia”, según expertos de Oxford, y por ello las redes “necesitan rediseñarse para que la democracia sobreviva”

Sheryl Sandberg, la mano derecha de Zuckerberg, defendió la venta de anuncios como los rusos argumentando que se trata de una cuestión de “libertad de expresión”. Bloomberg publicó que Facebook y Google colaboraron activamente en una campaña xenófoba antirrefugiados para que la vieran votantes clave en los estados en disputa. Google también aceptó dinero ruso por anuncios en YouTube o Gmail. No en vano, Facebook ha presionado durante años para que no les afecte la legislación que obliga a los medios tradicionales a ser transparentes en la contratación de propaganda electoral. Ahora, el Senado quiere legislar sobre la propaganda digital en contra de la presión de estas grandes plataformas tecnológicas, que apuestan por la autorregulación. Tanto Twitter como Facebook han manifestado estos días su intención de ser más transparentes en este apartado.

La responsabilidad deTwitter

A comienzos de verano el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford publicó un demoledor informe en que analizaban la influencia que las plataformas digitales estaban teniendo en los procesos democráticos en todo el mundo. El equipo de investigadores estudió lo sucedido con millones de publicaciones en los dos últimos años en nueve países (Brasil, Canadá, China, Alemania, Polonia, Taiwán, Rusia, Ucrania y los Estados Unidos) y concluyeron, entre otras cosas, que “los bots [cuentas automatizadas] pueden influir en procesos políticos de importancia mundial”.

 

Facebook, Twitter, YouTube y Google tenían trabajadores con despacho propio en el cuartel general de Trump: “Cuando inyectas tantos millones, tienes trato preferencial”

En EE UU, los republicanos y la derecha supremacista usaron ejércitos de bots para “manipular consensos, dando la ilusión de una popularidad online significativa para construir un verdadero apoyo político” y para extender el alcance de su propaganda. Y concentraron sus esfuerzos en los estados clave en disputa, que inundaron con “noticias basura”. En países como Polonia y Rusia, gran parte de la conversación en Twitter está monopolizada por cuentas automatizadas. En estados más autoritarios las redes se usan para controlar la conversación política, silenciando a la oposición, y en los más democráticos aparecen las cibertropas para contaminarla interesadamente. Las plataformas no informan ni actúan porque pondrían “su cuenta de resultados en riesgo”.

“Los bots utilizados para la manipulación política también son herramientas efectivas para fortalecer la propaganda online y las campañas de odio. Una persona, o un pequeño grupo de personas, puede usar un ejército de robots políticos en Twitter para dar la ilusión de un consenso a gran escala”, asegura el equipo de Oxford. Y concluye: “La propaganda informática es ahora una de las herramientas más poderosas contra la democracia” y por ello las plataformas digitales “necesitan rediseñarse significativamente para que la democracia sobreviva a las redes sociales”.

 

Zuckerberg dice que es una “locura” pensar que Facebook puede determinar elecciones, pero se jacta de hacerlo en su propia web

Twitter también ha borrado material irremplazable para conocer la influencia rusa en la elección de Trump. Más recientemente, investigadores de la Universidad del Sur de California han alertado del desarrollo de un mercado negro de bots políticos: las mismas cuentas que en su día apoyaron a Trump luego trataron de envenenar la campaña en Francia en favor de Le Pen y más adelante se pasaron al alemán colaborando con el partido neonazi Afd. Zuckerberg prometió hacer lo posible para “asegurar la integridad” de las elecciones alemanas. Durante la campaña, siete de las 10 noticias más virales sobre Merkel en Facebook eran falsas. ProPublica acaba de revelar que la red social toleró anuncios ilegales que difundían información tóxica contra el Partido Verde alemán.

Galdon trabaja con la Comisión Europea, a quienes considera “muy preocupados” desde hace unos meses, para dar respuesta a estos fenómenos pensando en un marco europeo de control que en la actualidad está muy lejos de fijarse. “Hay quien apuesta por la autorregulación, quien cree que debe haber un organismo de supervisión de algoritmos como con los medicamentos e incluso quien pide que se censuren directamente contenidos”, apunta la investigadora. Pero Galdon apunta un problema mayor: “Le decimos a las plataformas que tienen que actuar mejor, pero no sabemos qué significa mejor. Las autoridades europeas están preocupadas, pero no saben bien qué pasa ni qué cambiar ni qué pedir exactamente”.

 

 

 

Hacer país

“Unos” y “otros” empeñados en hacer país, a base de fronteras, leyes, declaraciones, distribución de poderes, ejércitos, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, manipulación mediática, manipulación social, organizaciones sociales al servicio del poder económico, redes sociales, parlamentos circenses, elecciones, referéndums, amenazas, coacciones, palos y varapalos…

Y no se dan cuenta de que a estas alturas de la historia del universo, el único “país” que existe  es aquel en el que nuestros corazones, nuestros cerebros, nuestros sistemas nerviosos y bioenergéticos… se enlazan, colaboran, se comunican, oyen, perciben, entienden y aceptan, amplían, matizan o discrepan… en definitiva, conviven, colaboran, construyen, haciéndonos crecer como personas y grupos humanos en el seno de los ecosistemas.

El único “país” que existe se llama VIDA y nos ofrece el desarrollar nuestro potencial humano y vital a favor de la vida, de la evolución del cosmos, de todas nuestras sociedades, territorios, comunidades, familias… interconectadas y colaborando, alimentándonos gracias a -y retroalimentando positivamente a-  los ecosistemas en que vivimos.

En un mundo real cada vez con menos fronteras, defender las fronteras a ultranza es tan ciego, insensato, castrante y limitador como educarnos “paulovianamente” para aprender verdades únicas y no permitirnos a cada persona, libre y naturalmente, descubrir nuestras propias verdades individualmente y en comunidad, en comunión con la naturaleza humana y la plena naturaleza, con el planeta, con el cosmos en definitiva.

Si algo bueno tiene tanto intento por blanquearnos el cerebro con la idea de “país, estado, nación…” es que nos recuerda la necesidad y la oportunidad de disfrutar de la verdadera vida, la de seres humanos con el potencial de vivir plena y satisfactoriamente las vidas que queramos vivir.

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